Paseo en bote por los alrededores de Isla Colón

Después de 45 minutos de vuelo y muchas fotos increíbles, llegamos al Aeropuerto Internacional José Ezequiel Hall de la ciudad de Bocas del Toro en la isla Colón, donde nos esperaba mi hermano Pepo para llevarnos al Gran Hotel  Bahía.  Luego de acomodarnos, mi hermano nos ofreció llevarnos a dar un paseo en su bote para luego dejarnos en el lugar que eligiéramos.

Iniciamos el paseo por tierra, pues debíamos dirigirnos al muelle donde estaba el bote, en las afueras de la ciudad.  Como muchos sitios en Panamá, el área tiene más de un nombre, siendo el más común el Istmito, por su forma de istmo que une la pequeña porción en forma triangular donde está situada la ciudad con el resto de la isla.    Haul Over Beach fue el nombre original de este istmo, ya que los pescadores de antaño solían arrastrar (en inglés, haul over) sus botes del lado de mar abierto al lado opuesto, una bahía de aguas tranquilas para mantenerlos seguros.  Entre los otros apelativos de esta área figuran Playa La Cabaña, por un centro de diversión con ese nombre (que existe desde que yo recuerdo) y Terrenos de la Feria, pues allí se desarrolla la Feria del Mar desde los años ’60.

Una vez en el bote, iniciamos nuestro paseo que, en su primer par de horas fue para visitar sitios puntuales y tomar fotografías.  El primer punto a visitar fue Birds Island (Isla de los Pájaros).  

Mas que una isla es una formación rocosa de considerable altura, llena de vegetación que sirve de hogar y refugio a diversas especies de aves, tanto endémicas como migratorias.  

Se encuentra a considerable distancia al norte de la isla, mar afuera, lo que hace que sólo  sea posible visitarla en los meses del año de menor viento y oleaje, manteniéndose uno en el bote, sin bajar, preferiblemente, para no alterar el ecosistema.


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La belleza de este refugio de vida silvestre es increíble, a pesar de estar viéndolo con nuestros propios ojos, sentimos que estamos soñando…así de hermosa es!

Flat Rock

Una vez que logramos romper el hechizo de Birds Island, nos dirigimos a los otros dos puntos que tenía en mi agenda:  Flat Rock y Sail Rock, ambas formaciones rocosas en medio del mar que, aunque a menor distancia de la costa, sobrepasaban la distancia del faro.  

 

Sail Rock, nombrada así por parecer, a la distancia, un velero.

Estas formaciones fueron legendarias entre los marinos de antaño, pero son bien conocidas por los de la actual generación.

Starfish beach

Cumplida esta misión, nos dirigimos a Starfish Beach (Playa de las Estrellas), nombrada así por ser hábitat de una cantidad plural de estrellas de mar.  

 

Es una playa de aguas muy tranquilas todo el año, por la protección que le brinda estar en el canal entre la isla y tierra firme, por lo que el viento no es lo suficientemente fuerte para crear mucho oleaje.  

Allí hay algunos pequeños locales donde se puede comer pescados y mariscos frescos con patacones o yuca, así como bebidas con o sin alcohol, todo hecho al momento de pedirlo, justo a orillas del mar, por lo que decidimos almorzar y pasar el resto de la tarde disfrutando de las cálidas aguas del Caribe.

Ese fue nuestro primer día en la isla, pero al día siguiente habría otras visitas a lugares de belleza sin igual.  ¡Les cuento en la próxima!

Un vuelo mágico hacia Bocas.

Luego de volver de Medellín, pasé unos días en la ciudad de Panamá.  Un grupo de amigos había planeado una excursión a Bocas donde llegarían, vía autobús y bote, temprano el viernes, así que decidí viajar el día anterior, en avión,  para recibirlos.  Uno de ellos no quería ir en autobús, pues es un viaje algo largo, así que iría conmigo en avión.  Normalmente, hago ese viaje en horas de la tarde, pues no me gusta madrugar y el primer vuelo sale a las 6:30 a.m., pero mi amigo quería aprovechar el día y me convenció de tomar ese vuelo.

Me levanté a las 3:00 a.m. para estar lista a las 4:30, hora en que pasarían por mí.  Debíamos estar en el aeropuerto a las 5:30 para el registro.  No recuerdo mucho entre el momento en que me levanté y el momento en que ingresé a la nave, pero una vez que estuve en mi lugar favorito, el asiento al lado de la ventana de un avión, me desperté del todo y me dispuse a disfrutar el vuelo.

Sólo unos minutos después de que encendieron los motores, cuando empezábamos a elevarnos, me volví a decirle algo a mi amigo y, para mi sorpresa, estaba completamente dormido, no resultó muy buen compañero de viaje, jajaja.  Pero no me importó, estaba acostumbrada a hacer este viaje sola todos los meses, así que me dediqué a lo de siempre, observar el paisaje y tomar muchas fotos.

Sin embargo, algo era diferente en este viaje, y no me refiero al bello durmiente del asiento contiguo, sino a la luz de la mañana.  Recién había amanecido para cuando despegamos y, aunque estaba nublado, había una luminosidad que nunca había visto en mis vuelos vespertinos, que le daba al paisaje un aire mágicamente misterioso.

Siempre digo que Panamá es una ciudad mágica pero, al mismo tiempo, muy real.  Aquí el realismo mágico no es sólo literario, sino algo que vivimos diariamente, desde que sale el sol…¡por el oeste!  Si, así como lo leen, por nuestra configuración geográfica, la ciudad de Panamá es el único lugar en el mundo donde se da este fenómeno.  ¿Quieren más magia que esa?  Y si no me creen, esta foto lo prueba:  el sol saliendo por el Océano Pacífico.

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Y ahora que he probado uno de los fenómenos cotidianos de la mágica ciudad de Panamá, les dejo con algunas de las fotos que tomé en ese vuelo.

fullsizeoutput_4c47Diseñado por el arquitecto de fama mundial, Frank Gehry, el Biomuseo es uno de los iconos arquitectónicos, científicos y culturales de Panamá.  Situado al inicio de la Calzada de Amador, con la entrada al Canal de Panamá por un lado y la Bahía de Panamá con la ciudad al fondo, por el otro, es visita obligada de todo el que tenga interés en conocer la historia natural del istmo y sus consecuencias en el panorama mundial.

 

fullsizeoutput_4c49Las islas de Flamenco, Naos y Perico, unidas por la calzada a tierra firme.  La calzada es un rompeolas y fue construido con parte de las rocas extraídas en la excavación del canal, para su protección del oleaje del Pacífico.  Durante las primeras décadas del siglo XX era una base militar norteamericana, con residencias para altos mandos y la sede del Club de Oficiales del ejército de los Estados Unidos.  En la actualidad es uno de los puntos favoritos de los panameños para ir a pasear, ejercitarse y disfrutar del mar que baña la costa de nuestra ciudad.

 

img_4750Barcos esperando turno a la entrada del canal.

 

IMG_4752Taboga, la isla de las flores, protagonista de un bolero de Ricardo Fábrega, que luego fuera grabado en tiempo de salsa por la Dimensión Latina.  A sólo una hora de la ciudad en barco, es un buen destino para un día de playa.

 IMG_4762Volando sobre la cordillera central para cruzar al litoral Caribe.

 

IMG_4787Ya en el Caribe, con su recortada costa.

 

img_4810Isla Escudo de Veraguas.

 

Los Cayos Zapatillas, ya en territorio del archipiélago, forman parte del Parque Nacional Marino Isla Bastimentos.

 

fullsizeoutput_4c53Una de las varias playas que posee la isla de Bastimentos en su costa este, las mejores del archipiélago.

 

fullsizeoutput_a2aEl archipiélago es hogar de tres marinas muy populares entre los conocedores, por su seguridad y su ubicación fuera de la ruta de los huracanes del Caribe.

 

fullsizeoutput_a30Punta Hospital en Cayo Solarte, popular no sólo por su belleza, sino por su historia.  Debe su nombre al primer hospital del área que estaba ubicado allí.

 

IMG_4863La costa de la ciudad de Bocas del Toro, ubicada en el extremo sur de la isla Colón.   Fundada en 1826 por inmigrantes de las islas del Caribe anglosajón, fue un centro de comercio muy activo durante todo el siglo XIX y cuna del nacimiento de la United Fruit Co. en los inicios del siglo XX, por lo que ha sido y sigue siendo una ciudad cosmopolita, pero fiel su esencia caribeña.

En la próxima entrada, les estaré contando y mostrando algunos de los lugares que visitamos en nuestros paseos.

¡Mi primer post como autora invitada!

Hace algunas semanas fui invitada por Patricia Puentes de Viajeros Listos a escribir un artículo sobre Nueva York para el blog de esta empresa panameña, especializada en temas de turismo.  Me tomó varios días redactarlo porque no es fácil plasmar todo lo que representa esa ciudad, para mí, en un sólo artículo.  Finalmente, lo envié hace unos días y hoy salió publicado.  Aquí lo pueden leer y aprovechar para seguir a viajeroslistos.com.

¡Muchísimas gracias por la oportunidad, Patricia!

 

 

Fin de semana en Medellín.

Luego del paréntesis de mis recientes vacaciones, continúo con el recuento de mis viajes, en orden cronológico, por lo que regresamos al año 2014 para contarles de mi viaje inesperado a la ciudad de la eterna primavera.

Aunque no tenía planeado otro viaje ese año, surgió la oportunidad de pasar un fin de semana, muy divertido, en Medellín, Colombia.  Uno de mis clientes de auditoría decidió llevar a todo el personal, en celebración del aniversario de la empresa y tuvieron la delicadeza de invitarme.  Por supuesto, no podía perderme ese viaje, así que empaqué y me tomé un par de días libres para acompañarlos.

El viaje, desde la ciudad de Panamá, es de una hora, aproximadamente.  Llegamos viernes en la noche y fuimos directo a un sitio de parrilladas a cenar, antes de llegar al hotel a acomodarnos.  Eramos cincuenta personas, así que el proceso, tanto de la comida como del reparto de habitaciones, tomó algo de tiempo.  Al día siguiente debíamos salir temprano, así que me fui a dormir tan pronto subimos.

Como la empresa es una productora televisiva, el viaje incluía filmar en locaciones, por lo que los sitios elegidos fueron un parque acuático situado a dos horas de la ciudad una día y la bellísima área de Guatapé, también fuera de la ciudad, el otro.  Del parque acuático no hay mucho que contar, todos sabemos como son, en cambio Guatapé es otra historia.

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Guatapé es una región con un lago, producto de la construcción de una represa para la producción de energía eléctrica.  Hay una réplica del pueblo que quedó bajo las aguas y del cual sólo se ve la cruz que coronaba la iglesia del lugar.  El lago está salpicado de islas e isletas con casas, marinas y hoteles y el paisaje, desde lo alto del cerro denominado El Peñol, es espectacular.  No sé a cuántos metros sobre el nivel del lago está El Peñol, pero es muy, muy alto.  Además tiene una roca a cuya cima se sube por más de setecientos escalones, desde donde el mundo se ve muy, muy pequeño.

 

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Al bajar del Peñol, fuimos a almorzar frente al lago.  Debo hacer un aparte aquí para decir que la comida en Medellín es, absolutamente, deliciosa.  No importa donde vayan a comer, siempre saldrán satisfechos con el sabor y abrumados por el tamaño de las porciones.  La bandeja paisa es un plato que, en mi concepto, alimenta con facilidad a dos personas, pero se sirve para una y sus sabores son increíbles, al igual que todo lo que probamos.

Después de disfrutar de un riquísimo almuerzo, nos fuimos de crucero por el lago.  Usan unas bachas de dos o tres pisos, con música, bebidas y, creo que hasta algo de comidas, para dar un paseo por el lago que, dicho sea de paso, tiene mucha actividad.  En nuestro paseo vimos gente pescando, veleando, esquiando, paseando en jet ski, haciendo canotaje, en fin, todas las actividades que se pueden desarrollar en un cuerpo de agua de ese tipo.

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También visitamos el Pueblito Paisa, localizado en la cumbre del cerro Nutibarra, que es una réplica de un pueblo tradicional de Antioquía, departamento del cual Medellín es la capital.  Allí puede ver la configuración de los tradicionales pueblos antioqueños con su fuente de piedra al centro, rodeada de la iglesia y casa rural, el cabildo y, hasta una escuelita.  Hay sitios donde degustar la maravillosa comida antioqueña, hay tienditas de recuerdos y las más hermosas vistas de la ciudad.

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No tuvimos mucho tiempo de ver la propia ciudad de Medellín, por estar en locaciones, pero unas cuántas de nosotras, nos fuimos a dar la vuelta en el metro y el metrocable.  Este teleférico, que se ha constituido en símbolo de la nueva Medellín, la que ha dejado atrás la peligrosidad de los tiempo del cártel de la droga.  Siendo una ciudad construida en terreno montañoso, el metrocable sube a las cimas de los cerros, densamente poblados, con conexiones en distintas estaciones del sistema del metro, en una suerte de transporte Multi-modal que ha facilitado la vida a los residentes de las áreas alejadas del centro.  Es muy limpio, eficiente y seguro, un transporte digno para miles de ciudadanos de Medellín que, día a día, salen a trabajar por sus familias y comunidades.

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¿Qué más queda decir de este viaje?  Que me encantó la gente de Medellín, personas muy trabajadoras, amables y cariñosas que nos dejaron con ganas de volver, tanto como su buen clima, deliciosas comidas y hermosos paisajes.

El Museo Metropolitano de Arte

El Museo Metropolitano de Arte es de una enormidad asombrosa, ubicado en terrenos del Central Park en la Quinta Avenida, entre las calles 80 y 84, con su majestuosa entrada justo frente a la 82.   La fachada, de estilo neoclásico, y sus vastas escaleras le dan ese toque de grandiosidad tan común a los museos de principios del siglo XX.

El Met, como se le conoce comúnmente, posee grandes colecciones de los mejores artistas del mundo, pero también salas arqueológicas, como la egipcia.  Una sola visita no permite ver mucho, por lo inmenso de la edificación y la vastedad de su colección, pero puedo contarles que la Sala Egipcia es impresionante no sólo por lo bien conservado de sus piezas originales y la interpretación de situaciones cotidianas que hace, sino también por la grandiosidad de la puesta en escena del Templo de Dendur, que invita a la meditación.

En el segundo piso están los artistas europeos de distintas épocas, en una serie de salas interconectadas.  Mi interés eran los impresionistas, pero después de recorrer un sinfín de salas sin encontrarlos, decidimos preguntar para ahorrar tiempo, pues se acercaba la hora de cierre del museo.  Así que una semana después volví para poder disfrutarlos a mis anchas.

Además de las colecciones permanentes, el museo presenta exhibiciones itinerantes o de préstamo de otros museos.  Tal es el caso de la exhibición de vestuarios papales llamada Heavenly Bodies (Cuerpos Celestiales) que tuve la oportunidad de visitar y la cual era sólo una muestra de los, muy lujosos, atuendos de algunos de los papas.  Por ejemplo, casullas y palios bordados con hilos de oro e incrustaciones de perlas y piedras preciosas. Particularmente impresionantes me resultaron las varias mitras y “tiaras” de Pío X, una hasta con diamantes y otras piedras preciosas.  Las cruces, los báculos, los anillos de pescador, en fin, toda la gama de vestuario y accesorios papales en los más exquisitos materiales y diseños…alucinante, por decir lo menos!  Lástima que no era permitido tomar fotografías de esa parte, pero sí de los vestidos inspirados en éstos y que fueron lucidos por diversas celebridades en la Gala del Met de este año.

Entre ambas visitas, estuve unas seis horas en el Met y, ni así, logré ver todas las salas, pero pude disfrutar de mucho arte en distintas manifestaciones como esculturas, pinturas, mobiliario, artículos utilitarios, escenas y, hasta un jardín en la azotea desde el cual se divisa Central Park y hermosos edificios de la ciudad.

Noche de aficionados…una tradición de Harlem.

Uno de los sitios más atrayentes de Harlem, ayer y hoy, es el Teatro Apollo, legendario escenario de los más grandes artistas afroamericanos.  Fundado en 1934, el Apollo ha sido determinante en la carrera de muchas estrellas que vieron su nacimiento en sus famosas Noches de Aficionados de los miércoles, que aún conservan su magia, al igual que las instalaciones que están bellamente conservadas.

fullsizeoutput_4165Hay un pre-show con un DJ que pone música bailable, en el caso de la noche que fui era música de Motown, pero no sé si siempre es así.  Dentro del segmento se hizo un concurso de baile con tres miembros de la audiencia, más diversión que técnica, por cierto.

Al inicio del show, se presenta la banda del Apollo, con un cantante y un bailarín que son la introducción al show.  Luego el maestro de ceremonia de la noche presentará dos segmentos de aficionados.  Primero se presentan los de la categoría juvenil, a los cuales no se les abuchea, pues la idea es alentarlos a seguir en el arte.  Cuando finaliza su segmento, eligiendo a un ganador, se procede a la categoría de adultos, donde hay cantantes, comediantes, bailarines, raperos y demás.

El formato es muy simple, si al público le gusta la presentación del aspirante a artista, le aplauden, si no, le abuchean y la presentación es, inmediatamente, interrumpida.  Al final, los artistas que han recibido la aceptación de la audiencia, se someten al voto de la misma mediante el sistema de aplausos/vítores y el que reciba la mayor medición (usan un medidor de “ruido”) es el ganador de la noche y, con un poco de suerte y mucho trabajo, tendrá una carrera en la industria del entretenimiento.

MOWnycqoRMaYll8dMRkGxwEs un evento para iniciar una noche inolvidable en Harlem, que puede continuar en uno de los diversos restaurantes o bares del área.  Hagan espacio en su agenda al visitar Nueva York, realmente, vale la pena.

¡Estoy de vacaciones!

Interrumpo esta cronología de relatos porque, en estos momentos, me encuentro disfrutando de las vacaciones que tenía proyectadas para la primavera y que, por diversos motivos, no pude tomar.  Como compensación, decidí aprovechar la hospitalidad de mi primo –y el ahorro que no estar en un hotel produce– y prolongar estas vacaciones a 4 semanas en lugar de dos, que es lo máximo que he estado fuera de casa.

Aunque el clima no ha estado óptimo, siempre se puede aprovechar un día de lluvia para ir a museos…o de compras!   En este viaje visité, por primera vez, la sede principal del Museo Metropolitano de Arte, aunque anteriormente visité The Cloisters (Los Claustros), sede dedicada al arte religioso. También pasé un fin de semana en Filadelfia, visitando a una querida amiga.  Planeaba visitar Washington, pero con el clima tan caprichoso, decidí dejarlo para el verano.

Mi primo vive en el centro de Harlem, muy cerca del corazón del vecindario, la calle 125.  En esta calle, especialmente entre las avenidas Lennox y Broadway, está el centro del comercio y entretenimiento del área, con tiendas  tanto de grandes cadenas como de emprendedores locales, restaurantes que ofrecen comidas de varias partes del mundo, algunos de afamados chefs, y el legendario e histórico Apollo Theatre.  El Teatro Apollo es, casi, una fábrica de estrellas, pues a través de sus noches de aficionados, cada miércoles, han sido descubiertos y lanzados a la fama una pléyade de artistas.  Fui hace una semana y es un espectáculo super divertido, con una audiencia formada tanto por locales como por visitantes de todas partes del mundo, lo recomiendo.

Harlem, como muchos otros vecindarios de Nueva York, está en un proceso de transformación, otro, pues la primera fue por los años ’20 del siglo pasado, conocido como el Harlem Renaissance que lo convirtió en el centro del mundo cultural y social afroamericano. En los ’50 llegaron los puertorriqueños al lado este, en lo que se dio en llamar El Barrio, nombre que aún conserva, aunque ya muchos puertorriqueños se han ido, pero han llegado latinos de otros países.  Hoy los afroamericanos y latinos comparten este pintoresco, y muy bien urbanizado barrio, con blancos, judíos, musulmanes,  africanos de distintos países, y toda una variedad de etnias, religiones y nacionalidades que hacen aún más rica su oferta cultural.

Otra cosa que llama la atención en Harlem es su hermosa aquitectura, aún los edificios que no han sido remozados conservan su belleza.  Las calles son amplias y algunas tienen muchos árboles y edificaciones con balcones, algo poco común en la arquitectura tradicional neoyorquina.  También hay una inusual cantidad de iglesias, de diversas denominaciones, destacándose la Abyssinian Baptist Church con casi un siglo de existencia y designada patrimonio histórico de la ciudad.

Movilizarme desde Harlem hacia el centro de Manhattan es fácil y rápido, pues las líneas 2 (proveniente del Bronx) y la 3 (que parte de la calle 147 en el propio Harlem) recorren desde la estación de la 135 en Lennox (que es la que me queda más cerca) en viaje expreso hasta Brooklyn.   Estos trenes sólo se detienen en estaciones específicas como las de las calles 125, 116, 110 (desde donde se desplaza de Lenox hacia la Séptima por debajo de Central Park), 96, 72, 42, 34, 14 y algunas más del bajo Manhattan, hasta Brooklyn en cuestión de, aproximadamente, 40 minutos de recorrido total.  Normalmente, estoy a 20 minutos o menos de los destinos a los que me dirijo, incluyendo el Yankee Stadium y la terminal de autobuses interurbanos (Port Authority Terminal) para mis traslados fuera de la ciudad.

Como saben, acostumbro quedarme en hoteles al viajar, por lo que esta es una experiencia diferente y nueva para mí, por ejemplo, anteayer fui al supermercado y ayer lavé ropa, jajaja. Pero la verdad es que la estoy pasando super bien, disfrutando esta ciudad que tanto me gusta en un vecindario tradicional, desde la perspectiva de un residente, sin apuros para ir a uno u otro lugar, tal como me gusta.  Después les sigo contando, estén pendientes.

 

Viaje familiar a San Diego y Las Vegas – II parte

Photo by Nick Fewings on Unsplash

El viaje de San Diego a Las Vegas toma unas 5 o 6 horas y la ruta atraviesa el Valle de la Muerte.  El paisaje es desértico tanto en el valle como en las montañas que lo rodean y el sol es implacable.  Lo que menos quieres es sufrir una avería del auto en ese camino, porque el nombre está muy bien puesto.  En el trayecto, vimos la “finca” de paneles solares más grande de los Estados Unidos.  Una gran parte de la energía eléctrica que se utiliza en Las Vegas –y se utiliza muchísima– proviene de esta fuente.  Fuera de eso, no había mucho que ver, excepto el árido paisaje, casi todo del mismo color arenoso con toques de grises.  Fue interesante hacer el recorrido una vez, pero no lo volvería a repetir.

Al llegar a Las Vegas, aún de día –el sol se ponía pasadas las 9:00 p.m.– nos encontramos con temperaturas de 44 grados centígrados y apenas era la segunda semana de junio.  ¡Imagínense subir de 18 a 44 grados en 5 horas!  Al llegar al hotel y subir a nuestras habitaciones, en el piso 51, nos encontramos con que cada una, tenía un ventanal de piso a techo que nos brindaba una panorámica impresionante del Strip, del valle, las montañas y los bellos y luminosos atardeceres de Las Vegas.

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Tras un viaje agotador y con esa temperatura que no ayudaba en nada, nos quedamos dando vueltas por el impresionante interior del hotel, cuya decoración con inspiración oriental era alucinante.  También merodeamos un poco por los jardines y réplica de bosque del hotel contiguo, de los mismos dueños, que eran de gran belleza.

Al día siguiente, creyéndome preparada para la aventura de recorrer el Strip, descubrí que no sólo seguía haciendo un calor intenso, sino que había una ola de calor barriendo la ciudad…es decir, que en el desierto hacía más calor que de costumbre, qué suerte!  En los locales con terrazas, tenían difusores que rociaban agua para humectar un poco el seco ambiente desértico.   Estoy acostumbrada al calor húmedo de Panamá, pero nunca había experimentado temperaturas que pasaran de los 32 grados y sentía que no lo toleraría.  Las calles y aceras estaban tan calientes que quemaban la planta de los pies, a través de los zapatos, y la brisa que soplaba del desierto estaba más caliente aún.  No podía entender cómo había gente que podía vivir en esas condiciones.

Afortunadamente, uno puede circular y trasladarse a distintos puntos, recorriendo por dentro de los hoteles, como si de caminos se tratara, y salir a la calle sólo para cruzarlas en ocasiones, por puentes peatonales equipados con escaleras eléctricas y ascensores.  Esto me encantó, pues reducía el esfuerzo de subir y bajar, amortiguando un poco el impacto del calor…siempre y cuando no tocáramos los pasamanos, porque se podía freír un huevo sobre ellos.

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Una de las cosas que más recuerdo es el espectáculo de las fuentes danzarinas del Bellagio, muy bello.  Los hoteles son impresionantemente grandes y, generalmente, temáticos.  Todos tienen algún tipo de atracción adicional al casino,  piscinas, restaurantes y tiendas de lujo y superlujo, tales como teatros, espectáculos públicos inspirados en la temática del hotel, jardines, acuarios o zoológicos.  Todo creado con la intención de que uno no abandone las instalaciones y, por supuesto, vaya al casino que, casi siempre está ubicado en el punto central del hotel.

Deseaba ir de paseo en globo aerostático pero, por las altas temperaturas, estos se hacían a las 6:00 de la mañana.  No soy madrugadora, me cuesta levantarme a las 7:00 para ir a trabajar, imagínense levantarme a las 4:00 en plenas vacaciones, así que lo dejé para otra ocasión o destino, con horarios menos inconvenientes.  En su lugar, tomamos un tour en helicóptero, muy emocionante, que sobrevolaba la ciudad, la represa Hoover, el lago Mead y parte del cañón del Colorado.  Una oportunidad fantástica para tomar fotos y aprender sobre el área.

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Los cinco días en Las Vegas llegaron a su fin y, con ellos, el viaje anual de vacaciones, aunque aún me quedaban dos semanas disponibles que aprovecharía para descansar en casa antes del volver al trabajo y esperar once meses antes de poder irme de viaje nuevamente, o al menos eso pensaba yo, pero de oportunidades está llena la vida.  ¡Ya les contaré!

Viaje familiar a San Diego y Las Vegas – I parte

Mis siguientes vacaciones llevaban un matiz más familiar que turístico.  No porque fuera con mi madre, hermana y uno de mis hermanos varones, sino porque el motivo del viaje era visitar a un primo de mi madre, muy querido por todos, que reside en el área de San Diego, California.

Era mi primer viaje a la costa oeste de los Estados Unidos, así que no sabía qué esperar, fuera de recorridos largos en auto para movilizarnos de un sitio a otro.  Llegamos a Los Angeles y allí alquilamos un auto para dirigirnos al sur.  Al llegar a Oceanside, mi primera sorpresa fue la temperatura, 18 grados Celsius, era algo que no esperaba, pero siempre llevo conmigo una pashmina por lo que pude resolverlo, más o menos.

Como dije antes, las distancias a recorrer son algo largas, cada vez que íbamos a algún sitio, nunca eran menos de veinte minutos, por carretera, no por vías urbanas congestionadas.  Eso sí, el paisaje es bellísimo, por un lado se puede ver el mar y del otro las montañas y siempre está soleado, pues hay una sequía que ya lleva años en esa área, así que no era tan aburrido como ir por autopista.IMG_3243

No hicimos mucho turismo, porque no era el motivo principal de ese viaje, pero sí nos tomamos un par de días para ir de paseo.  Visitamos el centro histórico de San Diego, conocido como Old Town, muy lindo y pintoresco, con un carácter colonial español, como era de esperarse.  La bahía de San Diego posee un puerto muy activo, una base naval y es hogar del Museo Marítimo de San Diego, donde hay muestras de muchos tipos de buques, de distintas épocas.IMG_3382

El paseo peatonal de la bahía y su correspondiente parque posee un conjunto escultural muy interesante, donde aparece una representación gigantesca de El Beso, conocida fotografía del fin de la II Guerra Mundial y también una estatua de Bob Hope y su inseparable micrófono, frente a un grupo con soldados y ciudadanos diversos.

También tomamos un tour a la isla Coronado, antiguo sitio de veraneo de ricos y famosos, con acceso por vía de un puente, bastante largo y alto, desde el cual se puede divisar toda la bahía, la base, buena parte de la ciudad y la isla.  Coronado es una comunidad de playa y un sitio turístico, a la vez, por lo que está lleno de hermosos hoteles, grandes y lujosos, al igual que las residencias y, por supuesto, amplias playas.

El otro sitio visitado fue el parque Balboa, un pulmón verde en la ciudad que, además de vegetación, jardines y senderos, incluye teatros, museos, restaurantes y el famoso Zoológico de San Diego.  Sólo este lugar amerita un día completo, pues es enorme y lleno de actividades para toda la familia.

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Me gustó mucho el área urbana de San Diego, su centro histórico y su vida marítima.  Es un lugar que, a pesar de ser uno de los puertos más activos del país, es muy tranquilo y relajado, en franca comunión con la naturaleza.  Tal vez por la prolongada sequía, los habitantes del área son muy cuidadosos con los recursos naturales y es muy común ver jardines y arbustos muy bien cuidados en casas, edificaciones diversas y a los largo de la carretera, creando un conjunto visual muy interesante y refrescante.

Al finalizar nuestra visita a San Diego, tomamos el auto y nos dirigimos a Las Vegas, pero de eso les hablo en la próxima.

Volviendo a tomar vacaciones.

Pasaron nueve  años antes que volviera a salir de viaje.  Era mucho lo que tenía que aprender en el hotel y en la industria, así que el tiempo fue pasando sin que me diera cuenta.  Volví a Nueva York con mi mamá en junio de 2013 y, por recomendación de un amigo de mi hermana, tomamos algunos tours organizados, por primera vez.  Debo decir que los mismos fueron fantásticos y nos permitieron cubrir bastante terreno y aprender muchísimo de esta increíble ciudad.

También por primera vez, inventé irnos en el tren, desde el aeropuerto de Newark, en lugar de tomar un taxi al hotel…nunca más!  El tren, que no era nada cómodo, llegó a Penn Station pasadas las 5:00 p.m., la estación más caótica de la ciudad en hora pico un viernes.  La cantidad de gente que entraba a la estación, mientras nosotras intentábamos salir, era tanta que tuvimos que pegarnos a una pared para evitar ser arrolladas.  La verdad, fue una pésima idea, pero aprendí dos lecciones:  no viajar en viernes y nunca usar transporte público el día de llegada.  Afortunadamente, fue la única mala experiencia en ese viaje, grandemente compensada con las del resto de la estadía.

Como ya les mencioné, compramos un paquete de tours en autobús de dos pisos.  Este incluía cinco circuitos distintos que podíamos recorrer a lo largo de tres días: dos de Manhattan (Downtown y Uptown), uno nocturno que recorría parte de Manhattan y parte de Brooklyn, uno de Brooklyn y el último del Bronx.  Todos, a excepción del nocturno, permitían bajar y volver a subir a un siguiente autobús, en puntos específicos de la ciudad, en los que se encontraban los sitios de interés, ya fuera turístico, histórico o algún punto clave de la ciudad.  Adicionalmente, compramos un crucero alrededor de la isla de Manhattan que resultó el mejor de todos.  El guía tenía un cúmulo de conocimientos históricos y actuales que, al brindarnos la información, lo hacía en el contexto necesario para comprender lo que veíamos y, por si esto fuera poco, las vistas de la ciudad desde el barco eran insuperables.  Realmente, fue una de las actividades que más disfruté en ese viaje.

Algo que descubrí en esta visita fue la magia de los “diners”, cafeterías de barrio que ocupan un lugar especial en la vida de los neoyorquinos.  Hallamos uno cercano a nuestro hotel en la Octava avenida, al cual volveríamos cada mañana a desayunar y, en más de una ocasión, a cenar.  Al segundo día, ya los meseros nos conocían (eran todos centroamericanos) y nos saludábamos como si tuviéramos toda la vida de conocernos.  Había muchos clientes habituales, lógico porque la comida era muy buena, el ambiente tranquilo y confortable y la amabilidad del personal hacía que uno se sintiera bienvenido.

Otra cosa que pude hacer en esta ocasión, fue mejorar mi sentido de orientación.  Sabía donde me encontraba, la mayor parte del tiempo, y como llegar de allí a cualquier lugar que me interesara.  Un par de tardes, como mi mamá deseaba descansar de tanta caminata, la dejaba en el hotel y me iba sola de compras o a deambular por el Upper West Side.

También pude reunirme, por primera vez, desde nuestra adolescencia, con un primo con el que recién me había reconectado vía Internet.  La tarde que nos vimos, me dio una gira guiada por el Lincoln Center y alrededores.  Sería la primera de muchas, en los últimos cinco años, de distintos puntos de la ciudad, en la que ha residido la mayor parte de su vida y se conoce al dedillo, incluyendo su historia, arquitectura, anécdotas y vivencias, todas muy interesantes.

Por segunda ocasión y, a pesar de saber ya que Nueva York está llena de parques, volví a maravillarme con éstos.  Como esta vez recorrí otra área de la ciudad, allí me encontré con parques de lo más curiosos, como uno que está dentro de un edificio (posteriormente vería otros similares) en el que, más de una vez, me detuve a refrescarme un poco y los micro-oasis en el bulevar de la avenida Columbus, que incluyen hasta bancas en los pasos peatonales para cruzarla.  Realmente a los neoyorquinos les encantan sus parques ¡y a mí me encanta descubrirlos!