De Puerto Rico a Nueva York.

Luego de que, en las dos últimas entradas  les hablara de mi reciente viaje Puerto Rico, retomo mi relato cronológico.

Viajamos de Puerto Rico a Nueva York el martes y, mientras esperábamos en el aeropuerto a una amiga que se nos uniría, un joven se nos acercó ofreciendo transporte.  Tenía un Ford Escalade de 6 pax, muy cómodo y sólo nos cobró $100 por los 5.  Llegamos al hotel y nos habían cancelado la reserva porque me habían renovado la tarjeta y no lo habíamos notificado y como no estábamos disponibles por teléfono, no nos localizaban.  Por suerte, tenían las habitaciones disponibles, al mismo precio y nos resolvieron.  Nos gustó mucho el hotel, bien ubicado, amplio, limpio, buen desayuno y personal atento, todo por un precio considerado barato para los estándares newyorkinos.  ¡Tremendo hallazgo!

Algunos detalles históricos del edificio del hotel que me parecieron interesantes.

Salimos a dar una vuelta y comer algo, pues teníamos hambre.  Recorrimos Times Square y caminamos por la Sexta Avenida hasta Herald Square.  La tarde estaba hermosa y el sol brillaba con  esa luz dorada que embellece cualquier atardecer.  Luego de un rato, volvimos al hotel a organizar nuestras pertenencias y descansar.

Hermoso atardecer en Manhattan.

Al día siguiente nos fuimos a Woodbury, un centro de outlets con más de doscientas tiendas, situado en el Valle del Hudson.  El paisaje es hermoso y las compras excelentes, así que la pasamos muy bien.

El tercer día iniciamos el cititour, la temperatura estaba baja y llovió un poco, pero hicimos Uptown, Bronx y Yankees Stadium.  Estuvo genial el tour del estadio y  todos lo disfrutamos. En la noche, nos fuimos al tour nocturno.  Hacía frío pero estuvo muy bueno, porque la oscuridad permitía que las luces de la ciudad resaltaran. Nos tocó un guía aburrido y un conductor que parecía apurado, pero igual la pasamos bien y las vistas eran magníficas.

Yankee Stadium, el museo y el parque de monumentos.

Ese viernes teníamos dos tours de compras y en la noche nos encontraríamos con las compañeras que residen en la ciudad para cenar y ponernos al día.  Después de ambos tours, tomamos un taxi al hotel para prepararnos para la cena.   Muchos llevábamos años sin vernos y la pasamos super bien.  El sitio era algo caro y la comida no era la gran cosa, pero la experiencia de ver la ciudad y sus alrededores, al anochecer, mientras el piso iba girando, fue interesante.  Salimos de allí a eso de las 10 y nos fuimos al Copacabana a bailar.  Todo quedaba muy cerca de nuestro hotel, así que al salir, caminamos un par de cuadras y a descansar.  Al día siguiente era libre y cada cual haría lo que prefiriera, pero de eso les hablaré después.

Tour de compras, restaurante giratorio y Copacabana.

¡Hasta la próxima!

Mi próximo viaje…ya lo estoy disfrutando!

Tenía este viaje planeado para junio del año pasado, pero por circunstancias de la vida, no pude hacerlo.  Aprovechando los días de asueto de la JMJ en Panamá, decidí venir a San Juan a pasar una semana que ha estado llena de nuevas experiencias, agradables sorpresas y más de una coincidencia.

Viajé domingo a mediodía y en el avión me encontré con Charlie Aponte, antiguo cantante del Gran Combo, y tuvimos una amena conversación mientras esperábamos que todos abordaran.  Como buen puertorriqueño, es un tipo muy simpático y conversador.

Al llegar a San Juan, mis amigos me estaban esperando ya en el aeropuerto y nos fuimos a chinchorrear a Piñones, donde degustamos sorullos rellenos de queso, alcapurrias de yuca (parecidas a nuestras carimañolas) y piononos, plátanos maduros rellenos con carne, nunca los había probado y estaban riquísimos.  Ellos también comieron ensalada de carrucho (caracol o cambombia), pero soy alérgica al marisco, así que yo no lo comí.  De allí al hotel a registrarme y descansar para el día siguiente.

 

Una de las coincidencias de este viaje, es que mi amigo celebraría su cumpleaños ese lunes, fue una reunión familiar, con unos amigos añadidos que me incluía a mí, en un restaurante enclavado en las montañas, en el sector de Morovis, con una vista espectacular de parte de la costa norte, específicamente, Vega Baja.  La comida, como siempre abundante y deliciosa, las historias interesantes y el ambiente inmejorable, hicieron de ese día, uno muy especial y diferente.

Otra divertida coincidencia es que unas primas también decidieron pasar unos días en San Juan.  Al descubrir que estaríamos aquí al mismo tiempo, nos pusimos de acuerdo para encontrarnos en el Viejo San Juan y dar un paseo por ese encantador sitio.  Recorrimos los fuertes de San Cristóbal y el Morro, comimos en Raíces y luego del almuerzo, las dejé pasando el resto de su tarde en la isleta, pues yo tenía planes para disfrutar de otra de las coincidencias de este viaje.

 

¡¡Mis amigos habían conseguido boletos para la obra musical Hamilton!!  Eso fue toda una proeza, nada fácil fue obtenerlos, pero allí estábamos, emocionados de poder formar una pequeña parte de la hermosa historia alrededor de esas presentaciones.  La obra es, simplemente, genial.  Muy merecedora de todos los premios y excelentes críticas que ha tenido desde su estreno en Broadway.  El público ovacionaba cada canción y mostraba un gran orgullo por los artistas locales que formaron parte del elenco.   El hecho de que el propio Lin Manuel Miranda protagonice la puesta en escena en Puerto Rico y dedique todos los fondos que se obtengan a la Fundación Flamboyán para las Artes es una muestra de su amor a la isla.  Fue, sencillamente, una noche maravillosa.

Después les cuento qué estaré haciendo el fin de semana.  ¡Hasta la próxima!

Visitando Puerto Rico con amigos.

Después de varios meses de preparativos, en junio de 2015 fuimos a Puerto Rico.  Eramos un grupo de cinco e íbamos a visitar a un amigo que lleva muchos años residiendo en la isla.  Nos graduamos juntos de la secundaria y, un par de años antes, nos habíamos reencontrado y renovado la amistad.

El vuelo de Panamá a San Juan es corto, dos horas y media, así que llegamos a la Isla del Encanto con mucha energía y tiempo en el día para hacer cosas…como ir de compras, jajaja.  Puerto Rico es hermoso, parecido a Panamá y, al mismo tiempo, distinto.  Su gente es cálida y amable.  El clima tropical, pero menos caluroso y lluvioso que aquí.

Nuestra estancia era de cinco días que incluían fin de semana.  Alquilamos un auto y nos resultó algo complicado orientarnos en el área metropolitana, por lo que nos perdíamos constantemente, aunque nunca tuvimos problemas para que alguien nos ayudara a encontrar nuestro camino.  La verdad es que esas perdidas son un mar de anécdotas que rememoramos cuando nos reunimos y no podemos parar de reír al contarlas.

Nos alojamos en un hotel independiente en el barrio de Condado, muy bien ubicado en la avenida principal, al pie de la playa por un lado y con una magnífica vista de la hermosa Laguna de San Juan por el otro y un bello parque al costado.  Aunque era un bonito edificio, estaba muy descuidado, pero en un siguiente viaje, descubrí que estaba cerrado por remodelaciones, lo que me pareció fantástico pues tiene la mejor ubicación del área, en mi concepto.

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Condado es un área residencial, comercial y turística que alberga una buena cantidad de hoteles, algunos de los cuales están a pie de playa. Los hay de varias categorías, desde turista superior hasta de lujo.  Es un sitio donde se da muy bien caminar y pasear, es seguro y hay restaurantes, parques, boutiques cafeterías, tiendas de recuerdos, de artículos en general y, también tiendas de lujo, farmacias y servicios en general.

Isla Verde, contigua a Condado, es sitio obligado para ir a bailar salsa los viernes en la noche, con diversas orquestas.  Por supuesto que nos fuimos de rumba ese viernes y tuvimos la suerte de que se presentaba Pedro Brull, uno de mis cantantes favoritos.  Fue muy divertido y marcó el inicio de un fin de semana fantástico.

Al día siguiente nos levantamos temprano para ir al Viejo San Juan, relato al que dedicaré un artículo aparte.  Sobre mediodía, nos trasladamos a Caguas, pueblo a media hora de San Juan, hacia la parte central de la isla, para pasar el resto del fin de semana en casa de nuestro amigo y su esposa.  Nos habían organizado una fiesta con familiares y amistades que llegaron desde San Juan y Ponce para conocernos.  A medianoche tuvimos una gran sorpresa, un grupo musical apareció tocando y cantando un número plural de canciones típicas puertorriqueñas (del género plena) que todos conocíamos, pues son muy populares en Panamá, especialmente para la época navideña.  ¡Fue increíble, divertido y un detalle tan especial de nuestros anfitriones brindarnos ese pedacito de tradición boricua!  Cantamos y bailamos todas las piezas y la pasamos de maravilla.

El domingo nos levantamos a media mañana, desayunamos algo ligero y nos dirigimos al corazón de la tradición culinaria  puertorriqueña:  Cayey.  Paramos en una de las varias “lecheras” a degustar la comida típica de la isla, lechón a la varita, arroz con gandules y pasteles, los principales platos.  La comida estaba deliciosa y en el lugar había un conjunto de música jíbara muy bueno.  Varias parejas bailaban, conformadas sobre todo por adultos mayores.  El ambiente era familiar y festivo, nos gustó muchísimo, pero había que seguir el paseo.

Luego de almorzar, nos encaminamos a la ciudad de Ponce, también conocida como la Perla del Sur, de donde es oriunda la esposa de nuestro amigo, quien a estas alturas ya se había convertido en una gran amiga de todos.   Pero antes de llegar a Ponce, hicimos una parada técnica en Guayama a comer sorullos…en Puerto Rico se acostumbra parar de lugar en lugar a comer, mientras se va de paseo, se le llama “chinchorrear”, imagino que el nombre viene de los puestos de venta o chinchorros, lo que en Panamá se llama fondas.

La primera parada en Ponce fue el Museo de Arte, donde tomamos un tour guiado que resultó muy ilustrativo e interesante.  El museo tiene muchas piezas de distintos períodos, por lo que las explicaciones de la guía fueron de mucha ayuda para comprender el contexto y significado de las obras.  Al salir del Museo de Arte, nos dirigimos al Castillo de Serrallés, que es una casa-museo y perteneció a la familia propietaria de los rones Don Q.  En el mismo se cuenta la historia de la familia, de la industria del azúcar y el ron  y su incidencia en la vida y la historia de la isla.  Al salir, dimos una vuelta por el centro colonial de la ciudad, muy hermosa y señorial y después nos dirigimos a La Guancha, un paseo costero a orillas del precioso Caribe, donde comimos algo antes de emprender el regreso a San Juan.

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El lunes, nuestro último día completo en la ciudad, nos fuimos al mall Plaza de las Américas a pasear, comer y hacer algunas compras de rigor.  Allí nos encontramos con una exhibición de autos Volks Wagen clásicos, nunca había visto algo así en un mall.  En viajes posteriores descubrí que en este centro, siempre hay alguna exhibición de vehículos, de distintos tipos o marcas.  Esa noche nos fuimos temprano a descansar, pues al día siguiente partiríamos a la ciudad de Nueva York para otro encuentro similar, del que les contaré próximamente.

 

Las Vegas: fin de año en imágenes.

Nuestros desayunos siempre eran abundantes, aunque pidiéramos lo que parecía el plato más pequeño.  El café latte era muy bueno, aunque acostumbro tomar el café negro, lo evito cuando viajo a Estados Unidos porque el café allá, en general, es bastante malo.  El jugo de naranja era muy fresco, recién exprimido, absolutamente delicioso. El jamón era, en realidad, una chuleta de media pulgada de grosor!  Creo que lo más liviano que comí fue el waffle, pero como también hay que caminar muchísimo, incluso dentro del mismo hotel, esas calorías eran justificadas.

 

La vista desde la ventana de mi habitación era hermosas y me llenaba de energía apenas abría los ojos. Ni siquiera tenía que salir de la cama para contemplarla y sentir deseos de salir a disfrutar del sol y la fresca brisa de inicios del  invierno desértico.  Tenía un panorama bastante abarcador de nuestro lado del Strip, los suburbios y, más allá, las áridas pero bellas montañas.

Los teatros y espectáculos llenos de color, música y baile fueron mis preferidos.  Aquí algunas escenas de La Rève (El sueño), uno de los más premiados de Las Vegas en los últimos años.  Nunca había visto nada parecido, una mezcla de actuación, canto, baile, nado sincronizado, gimnasia, atletismo, acrobacias, oscuridad y luces de mil colores que hicieron aflorar toda una gama de emociones en la audiencia.  Hubo momentos de terror, de alivio, de alegría, de tristeza, de amor y desamor, de derrota y de triunfo, en fin, fue un sueño con momentos de pesadilla para terminar en un despertar explosivo y lleno de energía que nos hizo salir a todos, con una sonrisa en los labios y una renovada confianza en la capacidad de triunfo del amor.

Como ya les he comentado, los hoteles en Las Vegas son microcosmos que, en algunos casos replican ciudades, como el Venettian, que es una pequeña Venecia a escala, con las plazas, torre, canales y hasta góndolas con sus gondoleros cantando fragmentos de alguna ópera.  Y el interior no es menos impresionante, con una gran plaza que presenta obras que aluden al carnaval veneciano y sus distintos personajes clásicos.

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El Caesars Palace, como lo indica su nombre, emula el palacio de los cesares romanos.  Este complejo incluye el Forum Shops, un mall con tiendas de lujo enmarcando unos patios de impresionante belleza, con enormes fuentes y estatuas de los dioses romanos, así como también el Colloseum, un teatro que replica el monumento romano y que fue construido, especialmente, para albergar el show de Cèline Dion, un verdadero ejemplo del derroche de Las Vegas.

Aparte de Venecia y la Roma de los Césares, otras ciudades o culturas antiguas representadas por los hoteles del Strip son:

París con su infaltable Tour Eiffel, el globo cuyo significado he olvidado -es tanta la información que no se puede recordar todo-, el Arc de Triomphe y un interior lleno de tiendas que remeda las antiguas calles de la ciudad con sus pintorescos puestos de ventas y tiendas con letreros manuscritos, en un ambiente realmente encantador.

Nueva York, con un conglomerado de rascacielos, incluyendo los más representativos, el Empire State y el Chrysler, sin olvidar a la Dama de la Libertad y el puente de Brooklyn.  Aquí nunca he entrado, no sé por qué…será que después de ver la original, a la que amo, esta réplica de la ciudad no es suficiente para mí?  Es posible, pues su exterior lleno de comercios no me inspira, pero si los ignoro, la silueta de los edificios me resulta aceptable, así que los miro desde la distancia.

 

El antiguo Egipto, el de los faraones, con esfinge y pirámide incluida, en el Hotel Luxor.  Otro de los que aún me quedan por explorar.

Y ¿Camelot?  Algo así.  La mítica ciudad de Camelot está representada en el hotel Excalibur, cuyo nombre viene de la espada mágica utilizada por el Rey Arturo, según la leyenda.  Nunca he entrado a este hotel, así que no sé qué tipo de sorpresas habrá en su interior, pero su edificación parece el castillo de un cuento de hadas, con torres muy detalladas y coloridas.  De hecho cuando las veo, me parece que es un lugar para niños, aunque de eso no puedo estar segura.

Pero no todo son copias, buenas o malas, de ciudades o culturas extintas, existentes o imaginarias, también hay museos diversos, como el de Madame Tussaud con sus figuras de cera de artistas y celebridades del mundo del entretenimiento, o el museo de la mafia.  Espectáculos con artistas de fama mundial, el show de luces en Fremont Street ahora con una tirolesa que lo recorre, hoteles modernos como el MGM y contemporáneos como el Wynn y el Encore.  En el tour que va al otro extremo del Strip podrá ver una linda edificación inspirada en la cultura indígena de la zona que parece hecho de arcilla o el bello mural de la misma inspiración.  También están los hoteles del Old Vegas, o la imponente Stratosphere Tower con su oferta de experiencias extremas como la araña mecánica que se encuentra al borde de su azotea o el High Roller, la noria que da una vuelta de 20 minutos y que, se dice, tiene las mejores vistas panorámicas de la ciudad.  Tendré que montarla en mi próxima visita.

Y luego de las emociones y excesos visuales del día, disfrutar de un bello atardecer es una experiencia que relaja y nos prepara para disfrutar de la despedida de un año y el inicio de otro, con renovadas energías.

Y a ustedes ¿qué les gustaría experimentar en Las Vegas?

Noche de aficionados…una tradición de Harlem.

Uno de los sitios más atrayentes de Harlem, ayer y hoy, es el Teatro Apollo, legendario escenario de los más grandes artistas afroamericanos.  Fundado en 1934, el Apollo ha sido determinante en la carrera de muchas estrellas que vieron su nacimiento en sus famosas Noches de Aficionados de los miércoles, que aún conservan su magia, al igual que las instalaciones que están bellamente conservadas.

fullsizeoutput_4165Hay un pre-show con un DJ que pone música bailable, en el caso de la noche que fui era música de Motown, pero no sé si siempre es así.  Dentro del segmento se hizo un concurso de baile con tres miembros de la audiencia, más diversión que técnica, por cierto.

Al inicio del show, se presenta la banda del Apollo, con un cantante y un bailarín que son la introducción al show.  Luego el maestro de ceremonia de la noche presentará dos segmentos de aficionados.  Primero se presentan los de la categoría juvenil, a los cuales no se les abuchea, pues la idea es alentarlos a seguir en el arte.  Cuando finaliza su segmento, eligiendo a un ganador, se procede a la categoría de adultos, donde hay cantantes, comediantes, bailarines, raperos y demás.

El formato es muy simple, si al público le gusta la presentación del aspirante a artista, le aplauden, si no, le abuchean y la presentación es, inmediatamente, interrumpida.  Al final, los artistas que han recibido la aceptación de la audiencia, se someten al voto de la misma mediante el sistema de aplausos/vítores y el que reciba la mayor medición (usan un medidor de “ruido”) es el ganador de la noche y, con un poco de suerte y mucho trabajo, tendrá una carrera en la industria del entretenimiento.

MOWnycqoRMaYll8dMRkGxwEs un evento para iniciar una noche inolvidable en Harlem, que puede continuar en uno de los diversos restaurantes o bares del área.  Hagan espacio en su agenda al visitar Nueva York, realmente, vale la pena.