¡Mi primer post como autora invitada!

Hace algunas semanas fui invitada por Patricia Puentes de Viajeros Listos a escribir un artículo sobre Nueva York para el blog de esta empresa panameña, especializada en temas de turismo.  Me tomó varios días redactarlo porque no es fácil plasmar todo lo que representa esa ciudad, para mí, en un sólo artículo.  Finalmente, lo envié hace unos días y hoy salió publicado.  Aquí lo pueden leer y aprovechar para seguir a viajeroslistos.com.

¡Muchísimas gracias por la oportunidad, Patricia!

 

 

Fin de semana en Medellín.

Luego del paréntesis de mis recientes vacaciones, continúo con el recuento de mis viajes, en orden cronológico, por lo que regresamos al año 2014 para contarles de mi viaje inesperado a la ciudad de la eterna primavera.

Aunque no tenía planeado otro viaje ese año, surgió la oportunidad de pasar un fin de semana, muy divertido, en Medellín, Colombia.  Uno de mis clientes de auditoría decidió llevar a todo el personal, en celebración del aniversario de la empresa y tuvieron la delicadeza de invitarme.  Por supuesto, no podía perderme ese viaje, así que empaqué y me tomé un par de días libres para acompañarlos.

El viaje, desde la ciudad de Panamá, es de una hora, aproximadamente.  Llegamos viernes en la noche y fuimos directo a un sitio de parrilladas a cenar, antes de llegar al hotel a acomodarnos.  Eramos cincuenta personas, así que el proceso, tanto de la comida como del reparto de habitaciones, tomó algo de tiempo.  Al día siguiente debíamos salir temprano, así que me fui a dormir tan pronto subimos.

Como la empresa es una productora televisiva, el viaje incluía filmar en locaciones, por lo que los sitios elegidos fueron un parque acuático situado a dos horas de la ciudad una día y la bellísima área de Guatapé, también fuera de la ciudad, el otro.  Del parque acuático no hay mucho que contar, todos sabemos como son, en cambio Guatapé es otra historia.

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Guatapé es una región con un lago, producto de la construcción de una represa para la producción de energía eléctrica.  Hay una réplica del pueblo que quedó bajo las aguas y del cual sólo se ve la cruz que coronaba la iglesia del lugar.  El lago está salpicado de islas e isletas con casas, marinas y hoteles y el paisaje, desde lo alto del cerro denominado El Peñol, es espectacular.  No sé a cuántos metros sobre el nivel del lago está El Peñol, pero es muy, muy alto.  Además tiene una roca a cuya cima se sube por más de setecientos escalones, desde donde el mundo se ve muy, muy pequeño.

 

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Al bajar del Peñol, fuimos a almorzar frente al lago.  Debo hacer un aparte aquí para decir que la comida en Medellín es, absolutamente, deliciosa.  No importa donde vayan a comer, siempre saldrán satisfechos con el sabor y abrumados por el tamaño de las porciones.  La bandeja paisa es un plato que, en mi concepto, alimenta con facilidad a dos personas, pero se sirve para una y sus sabores son increíbles, al igual que todo lo que probamos.

Después de disfrutar de un riquísimo almuerzo, nos fuimos de crucero por el lago.  Usan unas bachas de dos o tres pisos, con música, bebidas y, creo que hasta algo de comidas, para dar un paseo por el lago que, dicho sea de paso, tiene mucha actividad.  En nuestro paseo vimos gente pescando, veleando, esquiando, paseando en jet ski, haciendo canotaje, en fin, todas las actividades que se pueden desarrollar en un cuerpo de agua de ese tipo.

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También visitamos el Pueblito Paisa, localizado en la cumbre del cerro Nutibarra, que es una réplica de un pueblo tradicional de Antioquía, departamento del cual Medellín es la capital.  Allí puede ver la configuración de los tradicionales pueblos antioqueños con su fuente de piedra al centro, rodeada de la iglesia y casa rural, el cabildo y, hasta una escuelita.  Hay sitios donde degustar la maravillosa comida antioqueña, hay tienditas de recuerdos y las más hermosas vistas de la ciudad.

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No tuvimos mucho tiempo de ver la propia ciudad de Medellín, por estar en locaciones, pero unas cuántas de nosotras, nos fuimos a dar la vuelta en el metro y el metrocable.  Este teleférico, que se ha constituido en símbolo de la nueva Medellín, la que ha dejado atrás la peligrosidad de los tiempo del cártel de la droga.  Siendo una ciudad construida en terreno montañoso, el metrocable sube a las cimas de los cerros, densamente poblados, con conexiones en distintas estaciones del sistema del metro, en una suerte de transporte Multi-modal que ha facilitado la vida a los residentes de las áreas alejadas del centro.  Es muy limpio, eficiente y seguro, un transporte digno para miles de ciudadanos de Medellín que, día a día, salen a trabajar por sus familias y comunidades.

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¿Qué más queda decir de este viaje?  Que me encantó la gente de Medellín, personas muy trabajadoras, amables y cariñosas que nos dejaron con ganas de volver, tanto como su buen clima, deliciosas comidas y hermosos paisajes.

Parques, plazas, pasadizos y otras curiosidades de Nueva York.

Portada: High Line Park

Como ya he mencionado en otras ocasiones, hay un sinnúmero de parques y plazas en la ciudad de Nueva York y en este viaje me hice el propósito de conocer algunos a los que no había ido.  También encontré otros que no tenía idea que existían, aparte de algunas otras curiosidades, cuyas fotografías les muestro a continuación.

 

Washington Square Park, un parque histórico que ha sido cementerio, campo de entrenamiento militar, área de paseo de la élite, sede y testigo de luchas laborales, sociales y protestas de todo tipo, además de ser el punto de partida de la elegante Quinta Avenida.

 

Greenacre Park, también en el East Side, es un encantador espacio, a mitad de la cuadra, con una cascada, espacios para sentarse a contemplarla, disfrutar de un almuerzo o merienda o, simplemente, escapar un rato del ruido citadino.

 

Gantry Plaza, en Long Island City, Queens, es un parque a orillas del East River.  Construido de forma envolvente a lo largo de la costa del que fuera un sector industrial, hoy en pleno proceso de urbanización, con viviendas, comercios y otras empresas y con servicio directo del nuevo sistema de ferry hacia Manhattan y otros puntos de la ciudad. Desde cualquiera de sus senderos, situados a distintos niveles, se pueden apreciar las mejores vistas del East Side de Manhattan.

 

High Line Park, construido sobre la antigua línea ferroviaria elevada, es un gran punto para observar la ciudad desde otra perspectiva.

 

La avenida 6 1/2, no es una avenida real, sino un pasadizo o callejón, en medio de las avenidas Sexta y Séptima, de allí su nombre.  Por estos amplios callejones se puede ir desde la calle 51 hasta la 54 y cada uno tiene su propia personalidad, decoración, comodidades y accesos a comercios y restaurantes.

 

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Vessel, aún en construcción, es una combinación de escultura, parque vertical y espacio público.  Está situado en lo que será, al concluir todas las obras, el centro de Hudson Yards, un espacio que está siendo urbanizado actualmente, entre las calles 30 y 34 y las avenidas Décima y Duodécima.  Contigua al High Line Park y conectada con este, se espera que sea una atracción turística cuando abra al público en 2019.

 

Este edificio, situado frente a Zuccotti Park, tenía este despliegue de luces danzarinas cuando llegamos para hacer un tour.  Me pareció muy simpático y divertido.

 

El Museo Metropolitano de Arte

El Museo Metropolitano de Arte es de una enormidad asombrosa, ubicado en terrenos del Central Park en la Quinta Avenida, entre las calles 80 y 84, con su majestuosa entrada justo frente a la 82.   La fachada, de estilo neoclásico, y sus vastas escaleras le dan ese toque de grandiosidad tan común a los museos de principios del siglo XX.

El Met, como se le conoce comúnmente, posee grandes colecciones de los mejores artistas del mundo, pero también salas arqueológicas, como la egipcia.  Una sola visita no permite ver mucho, por lo inmenso de la edificación y la vastedad de su colección, pero puedo contarles que la Sala Egipcia es impresionante no sólo por lo bien conservado de sus piezas originales y la interpretación de situaciones cotidianas que hace, sino también por la grandiosidad de la puesta en escena del Templo de Dendur, que invita a la meditación.

En el segundo piso están los artistas europeos de distintas épocas, en una serie de salas interconectadas.  Mi interés eran los impresionistas, pero después de recorrer un sinfín de salas sin encontrarlos, decidimos preguntar para ahorrar tiempo, pues se acercaba la hora de cierre del museo.  Así que una semana después volví para poder disfrutarlos a mis anchas.

Además de las colecciones permanentes, el museo presenta exhibiciones itinerantes o de préstamo de otros museos.  Tal es el caso de la exhibición de vestuarios papales llamada Heavenly Bodies (Cuerpos Celestiales) que tuve la oportunidad de visitar y la cual era sólo una muestra de los, muy lujosos, atuendos de algunos de los papas.  Por ejemplo, casullas y palios bordados con hilos de oro e incrustaciones de perlas y piedras preciosas. Particularmente impresionantes me resultaron las varias mitras y “tiaras” de Pío X, una hasta con diamantes y otras piedras preciosas.  Las cruces, los báculos, los anillos de pescador, en fin, toda la gama de vestuario y accesorios papales en los más exquisitos materiales y diseños…alucinante, por decir lo menos!  Lástima que no era permitido tomar fotografías de esa parte, pero sí de los vestidos inspirados en éstos y que fueron lucidos por diversas celebridades en la Gala del Met de este año.

Entre ambas visitas, estuve unas seis horas en el Met y, ni así, logré ver todas las salas, pero pude disfrutar de mucho arte en distintas manifestaciones como esculturas, pinturas, mobiliario, artículos utilitarios, escenas y, hasta un jardín en la azotea desde el cual se divisa Central Park y hermosos edificios de la ciudad.

¡Estoy de vacaciones!

Interrumpo esta cronología de relatos porque, en estos momentos, me encuentro disfrutando de las vacaciones que tenía proyectadas para la primavera y que, por diversos motivos, no pude tomar.  Como compensación, decidí aprovechar la hospitalidad de mi primo –y el ahorro que no estar en un hotel produce– y prolongar estas vacaciones a 4 semanas en lugar de dos, que es lo máximo que he estado fuera de casa.

Aunque el clima no ha estado óptimo, siempre se puede aprovechar un día de lluvia para ir a museos…o de compras!   En este viaje visité, por primera vez, la sede principal del Museo Metropolitano de Arte, aunque anteriormente visité The Cloisters (Los Claustros), sede dedicada al arte religioso. También pasé un fin de semana en Filadelfia, visitando a una querida amiga.  Planeaba visitar Washington, pero con el clima tan caprichoso, decidí dejarlo para el verano.

Mi primo vive en el centro de Harlem, muy cerca del corazón del vecindario, la calle 125.  En esta calle, especialmente entre las avenidas Lennox y Broadway, está el centro del comercio y entretenimiento del área, con tiendas  tanto de grandes cadenas como de emprendedores locales, restaurantes que ofrecen comidas de varias partes del mundo, algunos de afamados chefs, y el legendario e histórico Apollo Theatre.  El Teatro Apollo es, casi, una fábrica de estrellas, pues a través de sus noches de aficionados, cada miércoles, han sido descubiertos y lanzados a la fama una pléyade de artistas.  Fui hace una semana y es un espectáculo super divertido, con una audiencia formada tanto por locales como por visitantes de todas partes del mundo, lo recomiendo.

Harlem, como muchos otros vecindarios de Nueva York, está en un proceso de transformación, otro, pues la primera fue por los años ’20 del siglo pasado, conocido como el Harlem Renaissance que lo convirtió en el centro del mundo cultural y social afroamericano. En los ’50 llegaron los puertorriqueños al lado este, en lo que se dio en llamar El Barrio, nombre que aún conserva, aunque ya muchos puertorriqueños se han ido, pero han llegado latinos de otros países.  Hoy los afroamericanos y latinos comparten este pintoresco, y muy bien urbanizado barrio, con blancos, judíos, musulmanes,  africanos de distintos países, y toda una variedad de etnias, religiones y nacionalidades que hacen aún más rica su oferta cultural.

Otra cosa que llama la atención en Harlem es su hermosa aquitectura, aún los edificios que no han sido remozados conservan su belleza.  Las calles son amplias y algunas tienen muchos árboles y edificaciones con balcones, algo poco común en la arquitectura tradicional neoyorquina.  También hay una inusual cantidad de iglesias, de diversas denominaciones, destacándose la Abyssinian Baptist Church con casi un siglo de existencia y designada patrimonio histórico de la ciudad.

Movilizarme desde Harlem hacia el centro de Manhattan es fácil y rápido, pues las líneas 2 (proveniente del Bronx) y la 3 (que parte de la calle 147 en el propio Harlem) recorren desde la estación de la 135 en Lennox (que es la que me queda más cerca) en viaje expreso hasta Brooklyn.   Estos trenes sólo se detienen en estaciones específicas como las de las calles 125, 116, 110 (desde donde se desplaza de Lenox hacia la Séptima por debajo de Central Park), 96, 72, 42, 34, 14 y algunas más del bajo Manhattan, hasta Brooklyn en cuestión de, aproximadamente, 40 minutos de recorrido total.  Normalmente, estoy a 20 minutos o menos de los destinos a los que me dirijo, incluyendo el Yankee Stadium y la terminal de autobuses interurbanos (Port Authority Terminal) para mis traslados fuera de la ciudad.

Como saben, acostumbro quedarme en hoteles al viajar, por lo que esta es una experiencia diferente y nueva para mí, por ejemplo, anteayer fui al supermercado y ayer lavé ropa, jajaja. Pero la verdad es que la estoy pasando super bien, disfrutando esta ciudad que tanto me gusta en un vecindario tradicional, desde la perspectiva de un residente, sin apuros para ir a uno u otro lugar, tal como me gusta.  Después les sigo contando, estén pendientes.

 

Viaje familiar a San Diego y Las Vegas – II parte

Photo by Nick Fewings on Unsplash

El viaje de San Diego a Las Vegas toma unas 5 o 6 horas y la ruta atraviesa el Valle de la Muerte.  El paisaje es desértico tanto en el valle como en las montañas que lo rodean y el sol es implacable.  Lo que menos quieres es sufrir una avería del auto en ese camino, porque el nombre está muy bien puesto.  En el trayecto, vimos la “finca” de paneles solares más grande de los Estados Unidos.  Una gran parte de la energía eléctrica que se utiliza en Las Vegas –y se utiliza muchísima– proviene de esta fuente.  Fuera de eso, no había mucho que ver, excepto el árido paisaje, casi todo del mismo color arenoso con toques de grises.  Fue interesante hacer el recorrido una vez, pero no lo volvería a repetir.

Al llegar a Las Vegas, aún de día –el sol se ponía pasadas las 9:00 p.m.– nos encontramos con temperaturas de 44 grados centígrados y apenas era la segunda semana de junio.  ¡Imagínense subir de 18 a 44 grados en 5 horas!  Al llegar al hotel y subir a nuestras habitaciones, en el piso 51, nos encontramos con que cada una, tenía un ventanal de piso a techo que nos brindaba una panorámica impresionante del Strip, del valle, las montañas y los bellos y luminosos atardeceres de Las Vegas.

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Tras un viaje agotador y con esa temperatura que no ayudaba en nada, nos quedamos dando vueltas por el impresionante interior del hotel, cuya decoración con inspiración oriental era alucinante.  También merodeamos un poco por los jardines y réplica de bosque del hotel contiguo, de los mismos dueños, que eran de gran belleza.

Al día siguiente, creyéndome preparada para la aventura de recorrer el Strip, descubrí que no sólo seguía haciendo un calor intenso, sino que había una ola de calor barriendo la ciudad…es decir, que en el desierto hacía más calor que de costumbre, qué suerte!  En los locales con terrazas, tenían difusores que rociaban agua para humectar un poco el seco ambiente desértico.   Estoy acostumbrada al calor húmedo de Panamá, pero nunca había experimentado temperaturas que pasaran de los 32 grados y sentía que no lo toleraría.  Las calles y aceras estaban tan calientes que quemaban la planta de los pies, a través de los zapatos, y la brisa que soplaba del desierto estaba más caliente aún.  No podía entender cómo había gente que podía vivir en esas condiciones.

Afortunadamente, uno puede circular y trasladarse a distintos puntos, recorriendo por dentro de los hoteles, como si de caminos se tratara, y salir a la calle sólo para cruzarlas en ocasiones, por puentes peatonales equipados con escaleras eléctricas y ascensores.  Esto me encantó, pues reducía el esfuerzo de subir y bajar, amortiguando un poco el impacto del calor…siempre y cuando no tocáramos los pasamanos, porque se podía freír un huevo sobre ellos.

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Una de las cosas que más recuerdo es el espectáculo de las fuentes danzarinas del Bellagio, muy bello.  Los hoteles son impresionantemente grandes y, generalmente, temáticos.  Todos tienen algún tipo de atracción adicional al casino,  piscinas, restaurantes y tiendas de lujo y superlujo, tales como teatros, espectáculos públicos inspirados en la temática del hotel, jardines, acuarios o zoológicos.  Todo creado con la intención de que uno no abandone las instalaciones y, por supuesto, vaya al casino que, casi siempre está ubicado en el punto central del hotel.

Deseaba ir de paseo en globo aerostático pero, por las altas temperaturas, estos se hacían a las 6:00 de la mañana.  No soy madrugadora, me cuesta levantarme a las 7:00 para ir a trabajar, imagínense levantarme a las 4:00 en plenas vacaciones, así que lo dejé para otra ocasión o destino, con horarios menos inconvenientes.  En su lugar, tomamos un tour en helicóptero, muy emocionante, que sobrevolaba la ciudad, la represa Hoover, el lago Mead y parte del cañón del Colorado.  Una oportunidad fantástica para tomar fotos y aprender sobre el área.

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Los cinco días en Las Vegas llegaron a su fin y, con ellos, el viaje anual de vacaciones, aunque aún me quedaban dos semanas disponibles que aprovecharía para descansar en casa antes del volver al trabajo y esperar once meses antes de poder irme de viaje nuevamente, o al menos eso pensaba yo, pero de oportunidades está llena la vida.  ¡Ya les contaré!