Bocas en imágenes – I parte.

Amaneceres

Algunos dorados, otros plateados, algunos con la luna aún alta, otros de colores pasteles, nublados o con el cielo despejado pero todos, absolutamente, hermosos.

 

Vida marítima y marina

Barcos, ferris, veleros, botes grandes y pequeños navegando, anclados en las marinas o en la playa al lado de casa.  Muelles por todas partes, conectados a casas y negocios o, simplemente, a tierra.  Estrellas de mar, erizos, pasto marino, arrecifes.  La actividad en el mar es incesante y calmante, a la vez.

 

Mar y cielo

Vistos desde un muelle, desde la mesa de un restaurante, desde un bote, desde la playa, desde la calle mientras caminas.  Cielos con nubes y aviones o despejados, de distintos tonos de azul, según la hora del día.  Mar calmado o con mucho oleaje, azul profundo, turquesa o transparente.  Ambos siempre inmensos y bellos.

 

Arquitectura tradicional

Colonial inglesa de techos altos y líneas sobrias o caribeña con ornamentos de madera calada o tablas en forma de cruz en sus balcones, con muelles, ranchos o terrazas, sobre el mar, en la playa o en tierra, pero siempre de madera y sobre palafitos.

¡Mi primer post como autora invitada!

Hace algunas semanas fui invitada por Patricia Puentes de Viajeros Listos a escribir un artículo sobre Nueva York para el blog de esta empresa panameña, especializada en temas de turismo.  Me tomó varios días redactarlo porque no es fácil plasmar todo lo que representa esa ciudad, para mí, en un sólo artículo.  Finalmente, lo envié hace unos días y hoy salió publicado.  Aquí lo pueden leer y aprovechar para seguir a viajeroslistos.com.

¡Muchísimas gracias por la oportunidad, Patricia!

 

 

Fin de semana en Medellín.

Luego del paréntesis de mis recientes vacaciones, continúo con el recuento de mis viajes, en orden cronológico, por lo que regresamos al año 2014 para contarles de mi viaje inesperado a la ciudad de la eterna primavera.

Aunque no tenía planeado otro viaje ese año, surgió la oportunidad de pasar un fin de semana, muy divertido, en Medellín, Colombia.  Uno de mis clientes de auditoría decidió llevar a todo el personal, en celebración del aniversario de la empresa y tuvieron la delicadeza de invitarme.  Por supuesto, no podía perderme ese viaje, así que empaqué y me tomé un par de días libres para acompañarlos.

El viaje, desde la ciudad de Panamá, es de una hora, aproximadamente.  Llegamos viernes en la noche y fuimos directo a un sitio de parrilladas a cenar, antes de llegar al hotel a acomodarnos.  Eramos cincuenta personas, así que el proceso, tanto de la comida como del reparto de habitaciones, tomó algo de tiempo.  Al día siguiente debíamos salir temprano, así que me fui a dormir tan pronto subimos.

Como la empresa es una productora televisiva, el viaje incluía filmar en locaciones, por lo que los sitios elegidos fueron un parque acuático situado a dos horas de la ciudad una día y la bellísima área de Guatapé, también fuera de la ciudad, el otro.  Del parque acuático no hay mucho que contar, todos sabemos como son, en cambio Guatapé es otra historia.

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Guatapé es una región con un lago, producto de la construcción de una represa para la producción de energía eléctrica.  Hay una réplica del pueblo que quedó bajo las aguas y del cual sólo se ve la cruz que coronaba la iglesia del lugar.  El lago está salpicado de islas e isletas con casas, marinas y hoteles y el paisaje, desde lo alto del cerro denominado El Peñol, es espectacular.  No sé a cuántos metros sobre el nivel del lago está El Peñol, pero es muy, muy alto.  Además tiene una roca a cuya cima se sube por más de setecientos escalones, desde donde el mundo se ve muy, muy pequeño.

 

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Al bajar del Peñol, fuimos a almorzar frente al lago.  Debo hacer un aparte aquí para decir que la comida en Medellín es, absolutamente, deliciosa.  No importa donde vayan a comer, siempre saldrán satisfechos con el sabor y abrumados por el tamaño de las porciones.  La bandeja paisa es un plato que, en mi concepto, alimenta con facilidad a dos personas, pero se sirve para una y sus sabores son increíbles, al igual que todo lo que probamos.

Después de disfrutar de un riquísimo almuerzo, nos fuimos de crucero por el lago.  Usan unas bachas de dos o tres pisos, con música, bebidas y, creo que hasta algo de comidas, para dar un paseo por el lago que, dicho sea de paso, tiene mucha actividad.  En nuestro paseo vimos gente pescando, veleando, esquiando, paseando en jet ski, haciendo canotaje, en fin, todas las actividades que se pueden desarrollar en un cuerpo de agua de ese tipo.

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También visitamos el Pueblito Paisa, localizado en la cumbre del cerro Nutibarra, que es una réplica de un pueblo tradicional de Antioquía, departamento del cual Medellín es la capital.  Allí puede ver la configuración de los tradicionales pueblos antioqueños con su fuente de piedra al centro, rodeada de la iglesia y casa rural, el cabildo y, hasta una escuelita.  Hay sitios donde degustar la maravillosa comida antioqueña, hay tienditas de recuerdos y las más hermosas vistas de la ciudad.

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No tuvimos mucho tiempo de ver la propia ciudad de Medellín, por estar en locaciones, pero unas cuántas de nosotras, nos fuimos a dar la vuelta en el metro y el metrocable.  Este teleférico, que se ha constituido en símbolo de la nueva Medellín, la que ha dejado atrás la peligrosidad de los tiempo del cártel de la droga.  Siendo una ciudad construida en terreno montañoso, el metrocable sube a las cimas de los cerros, densamente poblados, con conexiones en distintas estaciones del sistema del metro, en una suerte de transporte Multi-modal que ha facilitado la vida a los residentes de las áreas alejadas del centro.  Es muy limpio, eficiente y seguro, un transporte digno para miles de ciudadanos de Medellín que, día a día, salen a trabajar por sus familias y comunidades.

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¿Qué más queda decir de este viaje?  Que me encantó la gente de Medellín, personas muy trabajadoras, amables y cariñosas que nos dejaron con ganas de volver, tanto como su buen clima, deliciosas comidas y hermosos paisajes.

El Museo Metropolitano de Arte

El Museo Metropolitano de Arte es de una enormidad asombrosa, ubicado en terrenos del Central Park en la Quinta Avenida, entre las calles 80 y 84, con su majestuosa entrada justo frente a la 82.   La fachada, de estilo neoclásico, y sus vastas escaleras le dan ese toque de grandiosidad tan común a los museos de principios del siglo XX.

El Met, como se le conoce comúnmente, posee grandes colecciones de los mejores artistas del mundo, pero también salas arqueológicas, como la egipcia.  Una sola visita no permite ver mucho, por lo inmenso de la edificación y la vastedad de su colección, pero puedo contarles que la Sala Egipcia es impresionante no sólo por lo bien conservado de sus piezas originales y la interpretación de situaciones cotidianas que hace, sino también por la grandiosidad de la puesta en escena del Templo de Dendur, que invita a la meditación.

En el segundo piso están los artistas europeos de distintas épocas, en una serie de salas interconectadas.  Mi interés eran los impresionistas, pero después de recorrer un sinfín de salas sin encontrarlos, decidimos preguntar para ahorrar tiempo, pues se acercaba la hora de cierre del museo.  Así que una semana después volví para poder disfrutarlos a mis anchas.

Además de las colecciones permanentes, el museo presenta exhibiciones itinerantes o de préstamo de otros museos.  Tal es el caso de la exhibición de vestuarios papales llamada Heavenly Bodies (Cuerpos Celestiales) que tuve la oportunidad de visitar y la cual era sólo una muestra de los, muy lujosos, atuendos de algunos de los papas.  Por ejemplo, casullas y palios bordados con hilos de oro e incrustaciones de perlas y piedras preciosas. Particularmente impresionantes me resultaron las varias mitras y “tiaras” de Pío X, una hasta con diamantes y otras piedras preciosas.  Las cruces, los báculos, los anillos de pescador, en fin, toda la gama de vestuario y accesorios papales en los más exquisitos materiales y diseños…alucinante, por decir lo menos!  Lástima que no era permitido tomar fotografías de esa parte, pero sí de los vestidos inspirados en éstos y que fueron lucidos por diversas celebridades en la Gala del Met de este año.

Entre ambas visitas, estuve unas seis horas en el Met y, ni así, logré ver todas las salas, pero pude disfrutar de mucho arte en distintas manifestaciones como esculturas, pinturas, mobiliario, artículos utilitarios, escenas y, hasta un jardín en la azotea desde el cual se divisa Central Park y hermosos edificios de la ciudad.