La industria turística en tiempo de pandemia.

Photo by Safwan Mahmud on Unsplash

La primera actividad que se suspendió, al conocerse la existencia del riesgo de una exportación de la epidemia surgida en Wuhan, fue el transporte aéreo de pasajeros.  Primero se cancelaron los vuelos provenientes de China, luego los provenientes de Europa, paso seguido todos los vuelos internacionales y, por último, al instituirse los cercos sanitarios en regiones y ciudades, los vuelos domésticos.  También sufre la industria de los cruceros, al cerrárseles los puertos de desembarque y dejarlos prácticamente, a la deriva, con o sin enfermos a bordo.

La suspensión de vuelos y viajes en general afecta tanto a los colaboradores directos de estas empresas como a los aeropuertos/puertos, empresas de combustible, proveedores de alimentos, transporte selectivo, proveedores de diversos servicios, tanto a bordo como a instalaciones, empresas eléctricas y de comunicaciones y la lista sigue.

Como consecuencia directa de la cancelación de viajes, se ha producido un efecto dominó que ha arrastrado a la industria turística y del entretenimiento: hoteles grandes y pequeños, hostales, pensiones, AirBnB y sus similares.  También han cerrado  los  centros de entretenimiento, convenciones  y los eventos deportivos.  Se ha suspendido la actividad de transportes turísticos, compañías de tour de todos los tamaños y guías independientes. Incluyan aquí la imposibilidad de los micro empresarios de todos los mercados artesanales, turismo rural y natural, que dependen de los visitantes.

Aunque no propiamente de carácter turístico, pero sí parte de la industria de la hospitalidad, debemos incluir en esta cadena a los restaurantes, bares, cafeterías y todos los tamaños de ventas de comida, desde kioscos, foodtrucks y carretillas hasta fondas.  Con el cierre de estos negocios se afectan no sólo cocineros, meseros y administradores,  sino los productores y transportistas de alimentos, los mercados, carnicerías y fruterías, los pescadores, las empresas de limpieza especializada, fumigadoras, servicios de mantenimientos de equipos de todo tipo, electricistas, plomeros y, hasta porteros y valet parking.

La industria de viajes, turismo y hospitalidad tiene una oferta enorme de puestos de trabajo directos y, yo diría que el triple de esa cantidad, en puestos de trabajo indirectos.  Estamos hablando de cientos de miles de personas, a nivel de país, millones de ellos en los países de mayor tamaño.  Un alto porcentaje de estas ganan salario mínimo y viven casi que día a día.  En algunos países es aún peor, pues gran cantidad de ellos dependen de las propinas.  Todas esas personas se encuentran ahora sin trabajo, sin un fondo de ahorro de emergencia ni medio alguno de procurarse lo necesario para que ellos y sus familias puedan sobrevivir esta catástrofe, eso sin incluir la probabilidad de que muchos hayan enfermado.

Estos son los daños directos que esta pandemia ha causado a la economía de incontables hogares, sitios, pueblos, ciudades y, hasta, países.  Es algo en lo que no se piensa mucho cuando uno viaja, cuánta gente depende de nuestro placer de viajar, para llevar el sustento a su casa.  Por eso, no canceles tu viaje, aplázalo para cuando la situación se normalice y colabora en reconstruir esta industria que tanta felicidad nos ha brindado, mientras provee un ingreso sostenido a la gran cantidad de gente que está detrás de nuestro viaje.

¡Hasta la próxima!

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