Fin de semana en Medellín.

Luego del paréntesis de mis recientes vacaciones, continúo con el recuento de mis viajes, en orden cronológico, por lo que regresamos al año 2014 para contarles de mi viaje inesperado a la ciudad de la eterna primavera.

Aunque no tenía planeado otro viaje ese año, surgió la oportunidad de pasar un fin de semana, muy divertido, en Medellín, Colombia.  Uno de mis clientes de auditoría decidió llevar a todo el personal, en celebración del aniversario de la empresa y tuvieron la delicadeza de invitarme.  Por supuesto, no podía perderme ese viaje, así que empaqué y me tomé un par de días libres para acompañarlos.

El viaje, desde la ciudad de Panamá, es de una hora, aproximadamente.  Llegamos viernes en la noche y fuimos directo a un sitio de parrilladas a cenar, antes de llegar al hotel a acomodarnos.  Eramos cincuenta personas, así que el proceso, tanto de la comida como del reparto de habitaciones, tomó algo de tiempo.  Al día siguiente debíamos salir temprano, así que me fui a dormir tan pronto subimos.

Como la empresa es una productora televisiva, el viaje incluía filmar en locaciones, por lo que los sitios elegidos fueron un parque acuático situado a dos horas de la ciudad una día y la bellísima área de Guatapé, también fuera de la ciudad, el otro.  Del parque acuático no hay mucho que contar, todos sabemos como son, en cambio Guatapé es otra historia.

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Guatapé es una región con un lago, producto de la construcción de una represa para la producción de energía eléctrica.  Hay una réplica del pueblo que quedó bajo las aguas y del cual sólo se ve la cruz que coronaba la iglesia del lugar.  El lago está salpicado de islas e isletas con casas, marinas y hoteles y el paisaje, desde lo alto del cerro denominado El Peñol, es espectacular.  No sé a cuántos metros sobre el nivel del lago está El Peñol, pero es muy, muy alto.  Además tiene una roca a cuya cima se sube por más de setecientos escalones, desde donde el mundo se ve muy, muy pequeño.

 

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Al bajar del Peñol, fuimos a almorzar frente al lago.  Debo hacer un aparte aquí para decir que la comida en Medellín es, absolutamente, deliciosa.  No importa donde vayan a comer, siempre saldrán satisfechos con el sabor y abrumados por el tamaño de las porciones.  La bandeja paisa es un plato que, en mi concepto, alimenta con facilidad a dos personas, pero se sirve para una y sus sabores son increíbles, al igual que todo lo que probamos.

Después de disfrutar de un riquísimo almuerzo, nos fuimos de crucero por el lago.  Usan unas bachas de dos o tres pisos, con música, bebidas y, creo que hasta algo de comidas, para dar un paseo por el lago que, dicho sea de paso, tiene mucha actividad.  En nuestro paseo vimos gente pescando, veleando, esquiando, paseando en jet ski, haciendo canotaje, en fin, todas las actividades que se pueden desarrollar en un cuerpo de agua de ese tipo.

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También visitamos el Pueblito Paisa, localizado en la cumbre del cerro Nutibarra, que es una réplica de un pueblo tradicional de Antioquía, departamento del cual Medellín es la capital.  Allí puede ver la configuración de los tradicionales pueblos antioqueños con su fuente de piedra al centro, rodeada de la iglesia y casa rural, el cabildo y, hasta una escuelita.  Hay sitios donde degustar la maravillosa comida antioqueña, hay tienditas de recuerdos y las más hermosas vistas de la ciudad.

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No tuvimos mucho tiempo de ver la propia ciudad de Medellín, por estar en locaciones, pero unas cuántas de nosotras, nos fuimos a dar la vuelta en el metro y el metrocable.  Este teleférico, que se ha constituido en símbolo de la nueva Medellín, la que ha dejado atrás la peligrosidad de los tiempo del cártel de la droga.  Siendo una ciudad construida en terreno montañoso, el metrocable sube a las cimas de los cerros, densamente poblados, con conexiones en distintas estaciones del sistema del metro, en una suerte de transporte Multi-modal que ha facilitado la vida a los residentes de las áreas alejadas del centro.  Es muy limpio, eficiente y seguro, un transporte digno para miles de ciudadanos de Medellín que, día a día, salen a trabajar por sus familias y comunidades.

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¿Qué más queda decir de este viaje?  Que me encantó la gente de Medellín, personas muy trabajadoras, amables y cariñosas que nos dejaron con ganas de volver, tanto como su buen clima, deliciosas comidas y hermosos paisajes.

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