Volviendo a tomar vacaciones.

Pasaron nueve  años antes que volviera a salir de viaje.  Era mucho lo que tenía que aprender en el hotel y en la industria, así que el tiempo fue pasando sin que me diera cuenta.  Volví a Nueva York con mi mamá en junio de 2013 y, por recomendación de un amigo de mi hermana, tomamos algunos tours organizados, por primera vez.  Debo decir que los mismos fueron fantásticos y nos permitieron cubrir bastante terreno y aprender muchísimo de esta increíble ciudad.

También por primera vez, inventé irnos en el tren, desde el aeropuerto de Newark, en lugar de tomar un taxi al hotel…nunca más!  El tren, que no era nada cómodo, llegó a Penn Station pasadas las 5:00 p.m., la estación más caótica de la ciudad en hora pico un viernes.  La cantidad de gente que entraba a la estación, mientras nosotras intentábamos salir, era tanta que tuvimos que pegarnos a una pared para evitar ser arrolladas.  La verdad, fue una pésima idea, pero aprendí dos lecciones:  no viajar en viernes y nunca usar transporte público el día de llegada.  Afortunadamente, fue la única mala experiencia en ese viaje, grandemente compensada con las del resto de la estadía.

Como ya les mencioné, compramos un paquete de tours en autobús de dos pisos.  Este incluía cinco circuitos distintos que podíamos recorrer a lo largo de tres días: dos de Manhattan (Downtown y Uptown), uno nocturno que recorría parte de Manhattan y parte de Brooklyn, uno de Brooklyn y el último del Bronx.  Todos, a excepción del nocturno, permitían bajar y volver a subir a un siguiente autobús, en puntos específicos de la ciudad, en los que se encontraban los sitios de interés, ya fuera turístico, histórico o algún punto clave de la ciudad.  Adicionalmente, compramos un crucero alrededor de la isla de Manhattan que resultó el mejor de todos.  El guía tenía un cúmulo de conocimientos históricos y actuales que, al brindarnos la información, lo hacía en el contexto necesario para comprender lo que veíamos y, por si esto fuera poco, las vistas de la ciudad desde el barco eran insuperables.  Realmente, fue una de las actividades que más disfruté en ese viaje.

Algo que descubrí en esta visita fue la magia de los “diners”, cafeterías de barrio que ocupan un lugar especial en la vida de los neoyorquinos.  Hallamos uno cercano a nuestro hotel en la Octava avenida, al cual volveríamos cada mañana a desayunar y, en más de una ocasión, a cenar.  Al segundo día, ya los meseros nos conocían (eran todos centroamericanos) y nos saludábamos como si tuviéramos toda la vida de conocernos.  Había muchos clientes habituales, lógico porque la comida era muy buena, el ambiente tranquilo y confortable y la amabilidad del personal hacía que uno se sintiera bienvenido.

Otra cosa que pude hacer en esta ocasión, fue mejorar mi sentido de orientación.  Sabía donde me encontraba, la mayor parte del tiempo, y como llegar de allí a cualquier lugar que me interesara.  Un par de tardes, como mi mamá deseaba descansar de tanta caminata, la dejaba en el hotel y me iba sola de compras o a deambular por el Upper West Side.

También pude reunirme, por primera vez, desde nuestra adolescencia, con un primo con el que recién me había reconectado vía Internet.  La tarde que nos vimos, me dio una gira guiada por el Lincoln Center y alrededores.  Sería la primera de muchas, en los últimos cinco años, de distintos puntos de la ciudad, en la que ha residido la mayor parte de su vida y se conoce al dedillo, incluyendo su historia, arquitectura, anécdotas y vivencias, todas muy interesantes.

Por segunda ocasión y, a pesar de saber ya que Nueva York está llena de parques, volví a maravillarme con éstos.  Como esta vez recorrí otra área de la ciudad, allí me encontré con parques de lo más curiosos, como uno que está dentro de un edificio (posteriormente vería otros similares) en el que, más de una vez, me detuve a refrescarme un poco y los micro-oasis en el bulevar de la avenida Columbus, que incluyen hasta bancas en los pasos peatonales para cruzarla.  Realmente a los neoyorquinos les encantan sus parques ¡y a mí me encanta descubrirlos!

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