Nueva Orleans, ciudad única.

Aunque no le he podido dedicar las visitas que se merece, por diversas razones, Nueva Orleans es un destino que me fascinó y puedo decir que, sin lugar a dudas, es una ciudad única.  Su mezcla de historia, gastronomía, música, facilidades turísticas y gente maravillosa, la hacen un destino ideal para cualquiera, sin importar la edad o intereses, pues aquí hay para algo para todos.

Mi primera visita, para asistir a la graduación de mi hermana en diciembre del ’89, resultó complicada.  Entre la ola de frío que azotó la región, causando estragos y la invasión norteamericana a Panamá, que nos dejó imposibilitados de regresar a casa en la fecha prevista, con la angustia de no saber, a ciencia cierta, qué estaba ocurriendo, no dejó buenos recuerdos.

En la siguiente ocasión, la primavera del ’97, con mi madre y mi hermana, pude disfrutar  de la historia, belleza, alegría y amabilidad de la gente de esta hermosa ciudad.  El Barrio Francés, que primero fue español, es al mismo tiempo histórico, turístico y, en su mayor parte, auténtico.  Sólo pasear por sus calles y disfrutar de los músicos, pintores, caricaturistas, magos, mimos y demás artistas callejeros, es una experiencia especial.  Añadan a eso sus cafés, tiendas de antigüedades, mercados, casas-museos, museos y edificios públicos, restaurantes fantásticos y atracciones dignas de cualquier ciudad y es imposible no pasarla bien.

Mi sitio favorito en la ciudad es el inefable Preservation Hall, templo del auténtico jazz de Nueva Orleans.  Si por mí hubiera sido, habría pasado allí cada noche de mi estadía.  Me encantó su atmósfera sin pretensiones, rindiendo homenaje, única y exclusivamente, a la música.  Allí no se bebe ni se come, no se permite grabar ni hacer fotografías, los que entran primero, pues es en estricto orden de llegada, se sientan en bancos rústicos, el resto se queda de pie.  En ese lugar, lo único que se hace es escuchar, cantar, moverse y sentir el increíble ritmo del jazz de Nueva Orleans, ejecutado por una agrupación tradicional.  Para mí ¡es el sitio perfecto!

Un paseo que me encantó fue el de las plantaciones, una francesa (Laura, La Vacherie) y otra inglesa (Oak Alley), muy diferentes entre sí.  La primera tiene una residencia principal de madera, grande pero no lujosa, la inglesa, en cambio, posee una mansión grandiosa a la que se llega por una vereda flanqueada por enormes robles centenarios cubiertos de musgo español.  En el camino, que dura como una hora, el guía nos iba contando historias que explicaban las diferencias entre ambas culturas, en distintos aspectos de la vida cotidiana y en sociedad.  Al llegar, había tours guiados en cada una que recorrían las residencias principales, campos jardines y casas adyacentes.  Un tiempo bien invertido que recomiendo a todos.

También disfruté mucho del tour en barco de vapor, en mi caso el Natchez, por el río Mississippi y el de una de las casas museo del Barrio Francés, así como las compras en River Walk.  Aunque pasamos en el Barrio Francés la mayor parte del tiempo, tuvimos ocasión de visitar el acuario, el zoológico y el parque Audubon, un inmenso oasis verde donde las familias del área pueden disfrutar de la naturaleza con un sinfín de actividades al aire libre.  Nos faltó mucho por ver y experimentar, pero una semana no daba para tanto.

Debo confesar que no disfruté en absoluto de Bourbon Street.  Sólo caminamos como tres cuadras, luego de salir de Preservation Hall, a eso de medianoche y nos regresamos porque, a medida que avanzábamos, el ambiente se tornaba más…siniestro, es la única palabra que describe lo que percibimos.  Diría que esta área podría sentirse menos insegura si se va en un grupo con varios hombres, preferiblemente fornidos, porque entre tanto turista alcoholizado y gente lista para aprovecharse de los incautos y distraídos, lo mejor es llevar seguridad propia.

Pienso volver pronto a Nueva Orleans, aún no se cuándo, pero lo haré, pues me falta conocer otras partes de la ciudad en ambos lados del Mississippi, que la divide en dos.  Sé que no será igual, porque muchos de los habitantes que se fueron, luego de Katrina, no pudieron volver, pero estoy segura de que la esencia de esa bella ciudad sigue allí, en su música, sus comidas, sus calles históricas y, sobre todo, en su gente, la que no se fue y la que volvió, a pesar de todo.

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